La OIT cumple 100 años

 

 

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cumple 100 años. Ahí es nada: un siglo procurando soluciones a los problemas más graves del mundo laboral. Y como este es un aniversario importante, este post recoge una síntesis de la historia de la OIT. Sí: hay fechas, hechos, explicaciones y en Referencias una sesuda bibliografía y enlaces a videos. Avisados quedan.

La OIT se constituyó en 1919, bajo el acuciante anhelo de paz universal existente tras la Primera Guerra Mundial (aquí hablamos de esto). No era una idea original, porque se inspirada en la Asociación Internacional para la Protección Internacional de Trabajadores (Basilea, 1901) y en otras organizaciones del trabajo nacionales ya existentes. Pero lo que la hizo única fue su organización tripartita, con representantes de trabajadores, gobiernos y empresarios en todos sus órganos ejecutivos. Entre los objetivos de la organización, figuraban, entre otros, emitir recomendaciones y sancionar convenios internacionales, estos últimos de obligado cumplimiento para los firmantes. Hasta hoy se han firmado más de 200 convenios. En la primera Conferencia Internacional del Trabajo (Washington, 1919) se aprobaron seis Convenios Internacionales a propósito de las horas de trabajo en la industria, desempleo, protección de la maternidad, trabajo nocturno de las mujeres, y trabajo de los niños en la industria.
La OIT peleó contra el desempleo masivo de los años 30. Más tarde, con la Segunda Guerra Mundial, mantuvo viva la idea de que eran precisa una paz duradera basada en la justicia social. En 1944 añadió a su Constitución una serie de fines y objetivos – Declaración de Filadelfia – entre los que estaba el principio de que el trabajo no era una mercancía. Una redacción incómoda para muchos en aquel momento, por su vinculación con la tradición marxista, y que defendía la dignidad humana.

Miembros de la comisión original de 1919

 

En 1946, la OIT se convirtió en una agencia especializada de la recién creada Organización de las Naciones Unidas. En 1948 adoptó un convenio – Convenio No. 87 – sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación que marcaría otro hito en su historia.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la OIT expandió su área de influencia, y se convirtió en una agencia internacional en la que los países industrializados pasaron a ser una minoría ante los países en desarrollo.

En su 50º aniversario (1969) fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Un premio ni casual, ni fortuito, pero que reflejaba el prestigio internacional que había adquirido la organización.

En las siguientes décadas varios de sus logros estuvieron vinculados a la promoción de la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación. Tras la caída del Muro de Berlín (1989) la OIT ha insistido en la importancia de colocar la justicia social en el epicentro de las políticas económicas y sociales internacionales.

En todos estos años su vinculación con la ONU ha hecho que compartieran agenda, y en el siglo XXI la OIT ha estado muy presente, primero, en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con un énfasis en el trabajo como un instrumento para la superación de la pobreza. Este objetivo se marcaba para el 2015 reducir la riqueza a la mitad, y no se cumplió. Ahora el gran reto es la Agenda 2030, constituida por 17 objetivos de desarrollo sostenido. El objetivo 8 es promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente. Incluso en los países desarrollados un empleo ya no garantiza hoy la posibilidad de escapar de la pobreza. La propuesta de la OIT es que la creación de empleo, con garantías, sea un elemento central en la toma de decisiones políticas. Otra meta vinculada al objetivo es la erradicación del trabajo forzoso en sus múltiples manifestaciones, especialmente abolir el trabajo infantil.

¿Son estos objetivos de la OIT realizables? La Historia nos ha mostrado que las quimeras de un momento dejan de serlo cuando instituciones y agentes sociales aúnan fuerzas, así que: ¡Larga vida a la OIT! Tiene mucho trabajo por delante.

 

 

 

 

 

Autora: Susana Martínez Rodriguez (Universidad de Murcia)

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